Una ciudad en estado de sitio cultural

La sala alberdi y la criminalización de la cultura

Sala Alberdi - Foto de Facundo Nivolo
Sala Alberdi – Foto de Facundo Nivolo

Corrientes, mítica avenida del centro porteño, es conocida como la calle que nunca duerme. Cines, teatros y librerías abiertos hasta la madrugada supieron ser símbolo y orgullo cultural. Sin embargo, el martes 12 el motivo de insomnio no vino de algún estreno teatral sino del salvaje desalojo a un acampe que protagonizan desde hace 70 días decenas de artistas en defensa de una sala de teatro.

 

Los relatos de esa noche varían en los números pero coinciden en la apreciación: la Metropolitana estaba desaforada. Con una orden de desalojo basada en una nota de Clarín que suponía destrozos a las instalaciones*, más de 200 efectivos, entre Infantería y fuerzas especiales, avanzaron con disparos, palos y gases para desalojar a no más de 60 personas que se encontraban en la plaza seca del Centro Cultural San Martín.

Los números confirman la saña: tres heridos de bala (dos de ellos periodistas), trece internados por balazos de goma y cuatro detenidos, todos del lado de los acampantes. “La policía metropolitana no utiliza balas de plomo en esas circunstancias” salió rápidamente a aclarar Guillermo Montenegro, ministro de Seguridad y Justicia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Yo fui herido con una bala de plomo en el muslo por un policía de la Metropolitana que me disparó en el cruce de la avenida Corrientes y Paraná, a una cuadra de la plaza seca [lugar del acampe]”  retrucó Darío, uno de los periodistas internados, en esta especie de diálogo imaginario. Imaginario porque ningún funcionario se acercó a hablar con los acampantes y sin embargo todos negaron los hechos denunciados. Tampoco se preocuparon por hacer al menos la mímica de anunciar una investigación sobre el desempeño de las fuerzas de seguridad.  Las fotos de aquella noche, sin embargo, despejan el cruce verbal: los disparos vienen todos del sector policial.

Creamos, de cero, una fuerza modelo formada por casi 800 mil hombres y mujeres con vocación de servicio informaba hace unos días un orgulloso Mauricio Macri. Los medios entonces destacaron la equivocación del Jefe de Gobierno: la cantidad de efectivos de la Policía Metropolitana, lejos de los casi 800 mil hombres anunciados, es de 3800. El furcio, sin embargo, no deja de expresar un deseo y una necesidad: aplicar su política antipopular a como dé lugar.**

Si querés arte, tenés que actuar

 “Más que obra, cultura  significa comunicar y que los ciudadanos se contagien del entusiasmo y la posibilidad de invadir el espacio público con la cultura y con el hecho artístico”. El autor de esta frase es, créase o no, Hernan Lombardi, actual Ministro de Cultura de la Ciudad, quien, pese a su deseo,  impulsa directamente lo contrario: cierre por desfinanciamiento de la mitad de los talleres gratuitos que funcionaban en la Ciudad, persecución judicial a los artistas callejeros y, sobre todo, el desalojo violento de más de 20 centros culturales. La sala Alberdi, ubicada en el sexto piso del Centro Cultural San Martín iba camino a sufrir la misma suerte. Sin embargo “cumplió” el deseo de Lombardi.

 “La toma arrancó en el 2010 luego de que agotamos todas las vías políticas y judiciales para resolver el conflicto” cuenta Nicolás, vocero de la sala. “Nosotros teníamos un amparo a nuestro favor que impedía el cierre de la Sala, pero el Gobierno de la Ciudad la cerró arbitrariamente con la excusa de una supuesta reforma que nunca llegó. A partir de ahí, estudiantes, docentes y artistas en general impedimos el cierre y generamos una autogestión del espacio abriendo la Sala y realizando talleres y espectáculos a la gorra, como era la identidad histórica de este lugar”.

La puesta en producción del espacio dio resultados inmediatos: solo el año pasado  se presentaron 2500 artistas y circularon más de 30.000 espectadores, con un promedio de un espectáculo por día. Todos a la gorra. Todos abiertos al público.

Esta avalancha de iniciativas transformó al sexto piso en una “incómoda excepción” a la política de vaciamiento y privatización impulsada por el gobierno porteño para un Centro Cultural que, con sus trece pisos y seis subsuelos, no llegó siquiera a generar la mitad de las iniciativas que sí supo autogestionar la sala.

La enseñanza, sencilla, aflora sola: cuando algo está abandonado o lo quieren cerrar hay que tomarlo y ponerlo a producir. Esto se torna muy peligroso para un gobierno que prioriza sus negocios a las necesidades populares.

“Nosotros tenemos que defender lo que es de todos los argentinos”. La mañana siguiente al desalojo, Mauricio Macri justificó la represión y defendió el libre acceso a los espacios públicos con un argumento similar al de los integrantes de la Sala: “a ese centro cultural tiene derecho a acceder cualquiera” dijo.

La justificación suena a ironía cuando se comprueba que fue su propio gobierno quien el 2 de enero de 2013 ordenó, por primera vez en años, el cierre del centro cultural por reformas.

A partir de entonces, los únicos que pudieron ingresar al centro cultural fueron los miembros de seguridad privada no identificados que comenzaron a aparecer de a montones. Los estudiantes, talleristas y artistas de la sala llegaron hasta la puerta, y ahí quedaron. Montaron las carpas e hicieron lo que mejor saben hacer: arte popular. Talleres, charlas y recitales se trasladaron a la entrada del edificio como forma de impedir el cierre de la sala y garantizar la alimentación de los cuatro integrantes que hasta el día de hoy siguen encerrados en el sexto piso del Centro Cultural en una compleja situación. Si salen de ahí no pueden volver a entrar y por lo tanto la Sala, vacía, queda a disposición del gobierno.

La sala Alberdi resiste

Luego del desalojo, las reivindicaciones se mantienen intactas: no al cierre de la Sala, reapertura del Centro Cultural San Martín y desmilitarización del edificio, a las que se les suma el repudio a la represión y la exigencia de una investigación de lo sucedido. Intacto también se mantiene el acampe cultural, que ahora se trasladó a la puerta del Teatro San Martin. Porque en definitiva, de lo que se trata es de “invadir el espacio público con la cultura”. O no, Hernán?

 

http://www.clarin.com/ciudades/Sala-Alberdi-sospechan-danaron-valiosas_0_880711985.html

** La “fuerza modelo” que alaba Macri es hija directa de lo peor de la Policía Federal: el 83% de los cargos jerárquicos está ocupado por ex policías quienes, en su gran mayoría comenzaron sus tareas en la Federal en la década de 1970 en comisarías de la Ciudad”. Desde su “bautismo” de fuego asesinando tres personas en el parque indoamericano en 2010 hasta la actualidad tiene en su prontuario la violenta represión a vecinos de la villa 31 y más recientemente, a los vecinos de Parque Centenario,