Un mes de vigilia frente al Consulado de Bolivia en Once

Ciudadanos, residentes y militantes permanecen en la vereda de Mitre, casi Pueyrredón, contra el golpe de Estado que depuso a Evo Morales.

Hay Whipalas, recortes de diarios, pancartas a mano. Sobran las reposeras, los termos de mate y las charlas para pasar el rato. Personas que antes no se conocían hoy hacen causa común en esta vigilia contra el golpe de Estado en Bolivia, el cual depuso a Evo Morales en circunstancias que conmueven a la opinión pública de Latinoamérica y el mundo entero. “Estamos acá para repudiar la irrupción democrática que costó la vida de tantos hermanos”, dicen a este medio.

La solidaridad y el repudio trascendieron fronteras y localismos. La comunidad boliviana en Argentina es extensa, pero no lo suficiente como para que todas las personas que forman parte de ella estén en contacto. “Pasa que llegás y después de un tiempo de vigilia todavía no te sabés los nombres de los compañeros”, reconocen ante este medio.

La propuesta es sencilla: permanecer y resistir. El Consulado de Bolivia en la República Argentina está ubicado en el histórico inmueble de Bartolomé Mitre y Pueyrredón, un edificio de oficinas. Es una parte de la manzana donde está emplazado el edificio de la cabecera ferroviaria del tren Sarmiento. Su correlación está en la Embajada de Bolivia, en la avenida Corrientes 545, en el microcentro porteño (barrio de San Nicolás).

“Nos autoconvocamos acá y nos queremos informar mejor”, dice a este medio Jimena, residente y con familiares en Bolivia.

Una de las noches, el primer miércoles de diciembre, un grupo de personas no identificadas intento y logró entrar al inmueble de oficinas donde está en funcionamiento el Consulado. “Querían hacer destrozos y ligar esa actitud a la vigilia, pero una cosa no tiene nada que ver con la otra”, se defienden.

“Quienes lo hicieron buscaron ensuciar la vigilia. Mucha gente se acercaba y decía que el Consulado no funcionaba en forma regular por culpa de la vigilia. Eso es falso. Acá protestamos por lo que ocurre en Bolivia, pero no interrumpimos ninguna función oficial”, aclaran.

“En el Consulado están en actividades los secretarios. Los funcionarios que designó el actual gobierno (de facto) están, pero no tienen legitimidad legal todavía”, según su versión.

“El cónsul fue obligado a renunciar, pero el funcionario designado por el nuevo gobierno (a cargo de la presidencia de facto a cargo de Jeanine Áñez) todavía no tiene la firma autorizada por Cancillería de la Nación (argentina)”, según la versión de los miembros de la vigilia.

Esto implica una discusión entre autoridades diplomáticas de ambos países, en el marco de una transición presidencial donde quien deja el poder (Mauricio Macri) legitima el Gobierno de facto y quien asume (Alberto Fernández) lo cuestiona.

“No hay alguien más allá de los secretarios. Tienen que seguir trabajando. En la embajada hay gente en huelga de hambre, son tres compañeros dentro del inmueble que protestan contra el golpe de Estado. Resisten, pese a las represalias”, dice Lidia, otra de las integrantes de la vigilia en Once.

En este contexto la vigilia hace un mes que está firme frente a la Plaza Miserere, a metros de la estación cabecera Once del tren Sarmiento. Sus integrantes solo la depondrán si el nuevo Gobierno nacional toma medidas de repudio concretas contra el Golpe (diplomáticas, políticas, económicas).

“La idea es ver qué pasa después del 10 de diciembre, cuando asuma el nuevo presidente de la Nación. El nuevo mandatario dijo que no reconoce el Gobierno de facto, que eso es mucho frente al Gobierno saliente. Esperamos que Evo Morales (presidente depuesto) esté presente en la asunción de Fernández”, señalan.

“Acá estamos activos y hacemos cabildos abiertos en distintas localidades bonaerenses para ver cómo seguimos. Hay desinformación al respecto, hay medios donde se difunden lugares que no son los de encuentro pero estamos activos con los compañeros para ver cómo seguimos con la situación a nivel local”.

“Mi hermana, que reside y trabaja en Bolivia, se comunicó conmigo y dijo que hay paros, hay desabastecimiento. Hay miedo de hablar, hay un golpe de Estado con militares en las calles. La gente protesta y dice que hay que salir, que hay que manifestarse”, dice Lidia.

El domingo 10 de noviembre de este año el presidente Evo Morales presentó su renuncia, al igual que buen aparte de sus funcionarios, representantes del partido local MAS. Las elecciones generales se disputaron el 20 de octubre y arrojaron una ventaja sobre Morales que hacían declinar el ballotage contra Carlos Mesa. La oposición denuncio que el proceso estuvo viciado y acudió a ante la OEA (Organización de los Estados Americanos), presidida por Luis Almagro (Uruguay). Este último apoyó a la oposición con distintos informes, la cual condensaba el desencanto de cierto sector de la sociedad por Morales, el sector que representaba y la asimilación del referéndum de re-reelección.

Ese mismo 10 de noviembre desde el sector militar sugirieron que Morales dé un paso al costado para evitar enfrentamientos entre uniformados y civiles. Morales decidió renunciar y dejar el país para que no haya guerras civiles ni choques con las fuerzas de seguridad. Se autoexilió en México, tras gestiones de dirigentes latinoamericanos como Alberto Fernández.

En la Ciudad de Buenos Aire hubo protestas a favor y en contra de Morales desde el mismo 10 de noviembre. El epicentro fue en la Plaza de la República, en Corrientes y 9 de Julio, frente al Obelisco.

Más tarde, los sectores favorables a Morales insistieron con manifestaciones en el microcentro porteño. Ese lunes, el día 11, hubo una masiva concentración de más de cinco cuadras donde se marchó desde el Obelisco hasta la Embajada de Bolivia en Argentina.

Desde entonces hay distintas manifestaciones públicas contra el golpe de Estado en Bolivia. Algunas son manifiestas y otras están incluidas en eventos de otra índole.