Un año de la Manzana de los vecinos

La Red de ciudadanos que impulsó el nuevo espacio verde realizó un balance sobre los beneficios y las deudas que aún quedan por resolver para la comunidad.

Cada diciembre será muy especial para la Red de Vecinos Manzana 66. Un largo trabajo, que llevó varios años de gestiones de manera voluntaria, sin percibir retribución alguna, logró frenar un mega proyecto inmobiliario que pretendía construir un micro estadio para eventos. En su lugar se creó un espacio verde en un zona caracterizada por la falta de parques. 

“Fue mucho tiempo de trabajo para conseguirla”, cuenta Alberto Aguilera, coordinador de la Red de Vecinos Manzana 66, en diálogo con Abran Paso. “Una plaza y una escuela en un lugar donde podíamos tener muchos problemas, y ver que está en uso las 24 horas, demuestra que era una necesidad del barrio”, agrega. 

La referencia a la consecuencias provocadas por el Estadio Arena Movistar en Villa Crespo se configuran como una película donde se cuenta qué hubiese ocurrido si avanzaba el proyecto original que tenía el Gobierno de la Ciudad para el espacio de Belgrano y Jujuy. “Se cumple todo lo que decíamos cuando luchábamos contra el estadio”, dice Alberto.

Los vecinos afirman que desde las 6 hs. de la mañana se observa gente haciendo ejercicio todo el día. A partir de las 8 hs. los adultos mayores usan las máquinas para hacer ejercicios. Otros se sientan allí para leer un libro con tranquilidad.

La resolución sobre el cierre del Jardín del Hospital Ramos Mejía será una hecho fundamental para el balance de Manzana 66. El proyecto fue pensado para crear una escuela nueva sobre la calle Catamarca. El Gobierno Porteño la presentó como uno de los 54 nuevos espacios educativos creados, pero modificó ese plan y decidió ubicar allí a la comunidad educativa del Jardín cerrado. Si se confirma esa medida implicará un cambio con respecto a la propuesta que pensaron sus creadores. 

El diseño del espacio verde es otro de los puntos que no conforma a los vecinos. Se crearon unos anillos de cemento que no permiten circular con comodidad por la plaza. “Es algo que no pidió nadie. No estaba en el proyecto original. No es la plaza que se reclamó en las reuniones de diseño del Gobierno de la Ciudad. La gente va por el medio y pasa, algunos se tiran en el pasto. Hay necesidad de disfrutar del cesped, no solo mirar árboles”, manifiesta Aguilera. 

El uso masivo del nuevo espacio verde demuestra la importancia de expandir este tipo de iniciativas para mejorar la calidad de vida de los vecinos. El desarrollo inmobiliario debe tener un límite cuando afecta el esparcimiento y la vida al aire libre de las personas.