Tareas de cuidado: ¿por casa cómo andamos?

“¿Quién va a dejar de ir trabajar el lunes para ocuparse de los chicos? ¿Van a ser las mujeres las que van a tener que volver a no ir a trabajar y a dejar de lado su trabajo?”. Estas preguntas las hizo el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en la conferencia de prensa donde rechazaba la medida del Gobierno Nacional que suspendía por dos semanas las clases presenciales en el AMBA. Ahora ¿sabe Rodríguez Larreta que ocuparse de los chicos también es trabajo y que principalmente recae sobre las mujeres (en esta nota voy a referirme en particular a la situación de las mujeres cisgénero)? ¿que esto pasaba antes de la pandemia y que la pandemia lo agravó? ¿que como Jefe de Gobierno debería implementar políticas públicas para que no seamos las mismas de siempre las que -en el mejor de los casos- tengamos que cumplir con una doble jornada de trabajo? ¿o en realidad quiso usar a las mujeres para arriar agua para su molino? Entonces, la pregunta es ¿Rodríguez Larreta, por casa cómo andamos?

Hace meses que las trabajadoras y trabajadores del Hospital Ramos Mejía y la comunidad educativa denuncian el vaciamiento y traslado del Jardín del Ramos. El responsable, señalan, es el Gobierno de la Ciudad de la mano de la Ministra de Educación Soledad Acuña. En enero pasado, un camión del concesionario de los comedores de la ciudad retiró elementos de cocina del comedor a pesar de que un juez había ordenado que se hicieran refacciones y que no se retirara nada del edificio. Los jardines maternales en los lugares de trabajo o de estudio son para muchas la forma de compatibilizar trabajo y cuidado de les hijes, incluso, la posibilidad de amamantar más allá de los 90 días que dura la Licencia por maternidad. En definitiva, son espacios que ayudan a colectivizar los cuidados para que no dependan exclusivamente de las mujeres ni de las familias.

Valeria Scaffa -docente y delegada de UTE- conversó con AP en ese momento y rescató la historia del jardín: “Fue una conquista de los trabajadores y las trabajadoras del Hospital Ramos Mejía. Ha sido una conquista de la comunidad hospitalaria”. Si bien el Gobierno de la Ciudad fundamenta el traslado en las condiciones del edificio, Scaffa aclaró: “El juez en todo momento hizo los peritajes y las visitas oculares. Después, dejó asentado que no se observaba ningún inconveniente para seguir funcionando ahí”. En la actualidad, la planta docente y la matrícula de alumnos funciona en otro edificio de Manzana 66 que les vecines habían reclamado para que les niñes del barrio tuvieran más vacantes. Ahora, las trabajadoras del Ramos tienen que caminar seis cuadras para llevar y buscar a sus hijes. En este caso, parece que al Jefe de Gobierno porteño no le importa que sean las mujeres las principales perjudicadas.

¿De la casa al trabajo?

Mercedes D’Alessandro, Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género y autora del libro Economía feminista, en el dossier El siglo de las mujeres de La Vanguardia dedicado a la desigualdad de género hace un recorrido histórico para entender de dónde venimos y cómo llegamos hasta acá: “En los años 60, solo 2 de cada 10 mujeres trabajaba fuera de su casa, hoy son casi 7 de cada 10 las que salen todos los días a trabajar fuera de su casa”. Es decir, son casi 7 de cada 10 las que, o cumplen una doble jornada laboral (una de ellas no paga) o tercerizan en otra las tareas de cuidado y/o del hogar.  Un peso que, de una forma u otra, termina cayendo sobre nuestras espaldas.

D’Alessandro destaca que, si bien ahora vemos con naturalidad que podamos estudiar, tener una profesión y ejercerla, ninguno de esos derechos se logró de un día para otro. Más bien todo lo contrario, son fruto de un largo proceso de luchas políticas, primero por el derecho a trabajar y después por el derecho a hacerlo en condiciones igualitarias. Esto último, aclara, es una cuestión pendiente porque cuando trabajamos a la par de los varones todavía ganamos menos. Una forma de visibilizar esa brecha salarial es la conmemoración del Día del Pago Igualitario. Se eligió el 9 de abril para hacerlo porque las mujeres tenemos que trabajar hasta esa fecha para ganar lo que los varones ganaron en todo el año anterior. Es decir, que una mujer tiene que trabajar tres meses más que un varón para ganar lo mismo, diferencia que es aún mayor para aquellas que tienen los trabajos más precarios.

Teléfono para Horacio

Un ejemplo de precarización son las condiciones en las que realizan sus tareas las trabajadoras de la línea 144. Ellas son las encargadas de dar contención a las mujeres que se comunican a esa línea para pedir ayuda y apoyo frente a situaciones de violencia de género. Desde el inicio del aislamiento social preventivo y obligatorio, sus tareas se incrementaron, y a su vez, sus condiciones de trabajo empeoraron. Para visibilizar esa situación, las trabajadoras de la Dirección General de la Mujer de la ciudad emitieron un comunicado: “Nuestra precarización laboral es violencia institucional. Nos sentimos desvalorizadas en nuestro trabajo, queremos hacer visible lo invisible. Detrás de cada llamado de la línea 144, de la atención y el sostén de los refugios para mujeres y sus hijes estamos nosotras”.

Además, denuncian que, aunque trabajan con compromiso, responsabilidad y profesionalismo, tiene que utilizar sus propios recursos materiales como computadoras, internet, luz y celulares: “No contamos con protocolos para casos de COVID-19, cobramos debajo de la canasta familiar, sufrimos violencia institucional de forma permanente y muchas somos monotributistas. Nos encontramos permanentemente con la falta de recursos para asistir a las mujeres y personas feminizadas en situación de violencia”, aseguran. En este caso, también parece que al Jefe de Gobierno porteño no le importa que sean las mujeres las principales perjudicadas.

Menos oportunidades

Las mujeres que realizan más tareas de cuidado y del hogar tienen más obstáculos para acceder a cargos jerárquicos. Además, todas tienen dificultades para acceder a otros trabajos que no se identifiquen con los roles de género asignados por la sociedad. Por eso, desde la Asociación Gremial de Trabajadorxs de Subte y Premetro (AGTSyP), dieron una lucha colectiva para que las mujeres pudieran acceder a puestos que históricamente habían sido reservados solo para los varones. Karina Nicoletta, Secretaria de Género de la asociación, destacó que en el presente sus compañeras pueden acceder a otros sectores como tráfico, tesorería, electromecánica, e incluso, limpieza del turno noche. Hasta entonces, recuerda, tenían salarios más bajos y peores condiciones de vida ya que la participación de las mujeres se reducía al sector comercial principalmente a través de la venta de pasajes en las boleterías.

En definitiva, todo tiene que ver con todo, desde las tareas de cuidado y de la casa hasta las condiciones precarias en las que trabajamos y los salarios bajos que cobramos. Para D’Alessandro, la asimetría en la distribución de las tareas del hogar es una de las causas fundamentales de las desigualdades que enfrentamos en el mercado laboral. Por eso, insiste, se debe entender que existe un trabajo invisible que tiene que ser integrado a la mirada económica. Y a su vez, como nos demuestran las experiencias del Hospital Ramos Mejía, del Subte y de la Línea 144, la inclusión de los feminismos en las agendas sindicales colabora en visibilizar las desigualdades, y además, generan herramientas para disminuirlas. En este sentido, el Jefe de Gobierno porteño a través del Gobierno de la Ciudad en lugar de empeorar o describir la situación de desigualdad que atraviesan las mujeres, debería garantizar de forma activa sus derechos humanos.