“No vendemos nada”

Mucha ropa y pocas ventas. Margarita es trabajadora y referente de los feriantes del predio ubicado en La Rioja 70.

Los feriantes de los predios asignados a los ex manteros de Once denuncian una situación desesperante por la caída de las ventas. El Gobierno porteño no ofrece soluciones e impide que los vendedores busquen otras alternativas.

Margarita despliega las últimas pilchas que le faltan para terminar de desplegar su puesto del predio de La Rioja 70 y no pierde vista a sus hijos que corretean por los pasillos. Mientras cuelga una percha con un pullover, se alegra al notar la llegada de un equipo de periodistas.

La feriante llegó apurada para intentar vender algo en las últimas horas del día, algo que es complicado desde hace tres años, cuando se inauguró el predio, pero ahora se agravó por la crisis provocada con las últimas devaluaciones.

Los predios surgieron como una solución a los graves problemas de convivencia vecinal que provocó la venta ambulante. El Ejecutivo porteño desalojó a los manteros con un operativo policial, luego les propuso que se inscriban en un registro y les brindó un curso junto a la CAME.

La jugada del oficialismo culminó con la construcción de dos ferias para que se instalen los vendedores. Los espacios no alcanzaron para responder a la cantidad de personas que necesitaban ofrecer sus productos.

Los que quedaron afueran se las ingeniaron para seguir con la venta callejera. La crisis y el crecimiento del desempleo provocaron la llegada de nuevos vendedores. La solución del Ejecutivo para liberar el espacio público de Once nunca funcionó. 

Los predios ni dieron respuesta porque ubicados en zonas de baja circulación y no fueron promocionados, ni estimulados por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público. 

El Gobierno de la Ciudad no destina presupuesto para compensar la falta de ventas en las ferias, pero sí ejerce un dispositivo de control. Los inspectores recorren los puestos con una planilla y los ex manteros están obligados a dar el presente tres veces al día. Si no cumplen con un presentismo del 75 %, son expulsados. 

Margarita garantizó la apertura su puesto durante dos años, pero el contexto económico la empujó a buscar alternativas para sostener un ingreso que le permita mantener a sus diez hijos. 

“La gente tiene que vender y a veces sale a la calle, pero lamentablemente hay mucha represión”, cuenta la vendedora. Cada semana se registran detenciones, golpes, maltratos y confiscación de mercadería.

Muchos de los feriantes de los predios de La Rioja y de Perón están organizados en la CTEP. Esto les permite ser parte del derecho al salario social complementario que perciben los integrantes de las organizaciones sociales, representa un monto de $7500 por persona. “Tratamos de tapar un poquito lo que no se puede tener”, dice Margarita

También se ayuda con ollas populares semanales y se intenta hacer una colaboración especial con los abuelos, mediante la asignación de bolsones de verdura.