Más violencia policial contra los vendedores de Once

Los manteros denunciaron un incremento en la violencia y situaciones de saña por parte de las fuerzas de seguridad.

“En la calle todos somos compañeros. No hay distinción entre senegaleses, peruanos o argentinos. Todos trabajamos ahí”, afirmó Dania, mantera de Once, en diálogo con Abran Paso. El relato se refiere a la respuesta colectiva que deciden dar ante situaciones crecientes de violencia policial contra los vendedores. 

 “Esta vez no fue espacio publico, vino la brigada a sacarnos las cosas. Un compañero se resistió y le empezaron a pegar entre siete, entonces otros compañeros fueron ayudar y fuimos nosotras también, pero los policía nos amenazaban con palo”, sostuvo.

Uno de los senegaleses que intentó solidarizarse con su compañero fue atacado por la espalda por un efectivo que le pegó con una llave, luego se sumaron más oficiales y comenzaron a pegarle con sus cachiporras. Pero el vendedor africano se resistió con mucha fuerza y la violencia de los policías se recrudeció. “No sé que querían hacerle. Era demasiado, parecía que lo querían matar”, denunció Dania.

Vendedores y vecinos que circulaban por la zona les pedían que lo dejen, que no era un delincuente. Luego le tiraron gas pimienta y como que tiene problemas respiratorios, se desmayó. Los compañeros lo reanimaron y cuando despertó, los efectivos volvieron a tirarle gas y empezó a convulsionar. Fue trasladado al Hospital Ramos Mejía.

“Los policías no ayudaron, se reían, nos tratan como si fuéramos delincuentes, nos denigran”, agregó indignada Dania. 

Según Dania, las fuerzas de seguridad tienen un especial ensañamiento con los senegaleses porque se resisten frente a los ataques policiales. “Les pegan en las piernas y en los brazos, pero tienen mucha fuerza y resisten. A la Policía no le importa su mercadería, le importa darles duro y pegarles”, destacó. 

El vendedor fue dado de alta y volvió a trabajar a la calle. Según sus compañeros “está mas tranquilo”, aunque tiene un poco de miedo y está dolorido por los golpes, pero tienen que trabajar porque lo necesita.

Las escenas relatadas por Dania parecen ser una postal cotidiana de la Plaza Miserere y sus alrededores. La solidaridad entre vendedores muestra una luz de esperanza para lograr valores colectivos que superen las desigualdades sociales.