Los vecinos que viven en Jean Jaures al 300 no pueden dormir por ruidos molestos

Denuncian que se realizan conciertos con alto voltaje de sonido todas las noches en un local lindero llamado “JJ Circuito Cultural”. Se comunicaron con la línea 147 y los derivaron a la Justicia Contravencional.

El fiscal de la Ciudad, Juan Rozas, intervino en la causa y la elevó a juicio oral. En la audiencia les dijeron a los vecinos que se muden. “A mi no me brindan ningún crédito blando, no tengo posibilidad de alquilar. Me costó 20 años comprar mi pequeño departamento, tuve que suspender mi planes de maternidad”, afirmó Virginia Couto, una de las afectadas. Luego agregó que duerme en el sillón de la casa de sus padres desde hace un año. “¿Hay que hacer un juicio de desalojo que puede durar diez años?”, se preguntó Virginia.

Los vecinos llaman todas las noches a la Policía y les responden que vayan a la Justicia y al Gobierno de la Ciudad, pero nadie interviene. La Agencia Gubernamental de Control tampoco tomó cartas en el asunto.

En marzo de este año se tomó la decisión de clausurar “JJ Circuito Cultural” por orden del Juzgado N°7, correspondiente al juez Alejandro Buján y de la Fiscalía N°20 a cargo de Juan Ernesto Rozas. Los directores del espacio exhibieron todos los papeles correspondientes en regla y denunciaron una persecución política y un cierre arbitrario.

El local cuenta con la Habilitación y el Registro de Actividades Catalogadas aprobado por la Agencia de Protección Ambiental. El 22 de febrero pasado el fiscal y el juez, mencionados en el párrafo anterior, enviaron a la policía para que clausure el lugar.

El viernes 1 de marzo se llevó adelante una audiencia y Luis Pedreira, uno de sus directores, la consideró “vergonzosa” porque “no importaron los papeles en regla, ni las pruebas, ni ninguna de las tantas propuestas de convivencia que acercó el espacio cultural”.

El Gobierno de la Ciudad debería mediar en este conflicto para que, por lado, no se afecte el derecho de los vecinos a vivir sin ruidos molestos, y que por el otro, tampoco se aplique censura a las actividades culturales. Los directores de “JJ Circuito Cultural” tienen que comprender que no basta con tener los papeles en orden y que no se trata sólo, como consideran, de una persecución política y cierre arbitrario, sino que la actividad del lugar está afectando la calidad de vida y el descanso de los vecinos.

La solución requiere de una escucha de todas las partes en conflicto y posiblemente, de una inversión importante por parte del sitio, que permita que la acústica del lugar no transcienda más allá de los espacios propios del local.

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