La triple fundación de San Cristóbal

Hablar de la fundación de una ciudad, de un barrio, o de lo que sea, implica reconocer determinadas cuestiones que hacen que sea eso y no otra cosa. Pero también al respecto hay controversias. Por Adrián Dubinsky.

Un claro ejemplo es la fundación de la ciudad de Bs. As., que, habiéndose fundado dos veces, no queda claro cuál es la fecha real que habría que conmemorar como fundación, más allá que en nuestra porteña ciudad, no se conmemore ninguna.

En el caso de la primera fundación de Bs. As., la controversia radica en una argucia positivista: para fundar una ciudad, primero tenía que estipularse en el contrato capitular de “adelantado”, igual al que Pedro de Mendoza había firmado con la corona. En virtud de dicho contrato, no estaba habilitado para fundar una ciudad, aunque sí un “real” o fortaleza. La fundación, por otra parte, necesita contar con otras formalidades: “un cuerpo estable de vecinos libres, formación de un cabildo (…), repartimientos de tierras e indios, un acto fundacional con fecha precisa, una solemne ceremonia junto al rollo de justicia” (1). Nada de eso ocurrió entre el 2 y el 3 de febrero de 1536 (2), en lugar no definido ni ubicado hasta la actualidad, sumando así otra controversia: dónde se estableció el Real.

Esta última reyerta entre historiadores, geógrafos, cientistas sociales de toda laya y procedencia y políticos, nos da pie para introducir el título del presente artículo. Los lugares en los que se habrían establecido las huestes de Don Pedro de Mendoza pueden haber sido varios. Si seguimos el relato del cronista de la expedición, el soldado lansquenete (3) Utz Schmidel (Ulrico Schmidl), la misma se habría realizado a una media legua de la desembocadura del Riachuelo, y a una media milla del agua, según se desprende del relato de Ulrico cuando cuenta el ataque de los querandíes (4). Los grabados que acompañan a las ediciones de la Vera historia y relatos de la conquista del Río de la Plata y el Paraguay, no son de Schmidl, quien logra su primera edición autónoma en 1597, ya regresado a sus pagos, sino de Jean Theodore de Bry (5), quien jamás había visitado estos lares y gustaba de la grandilocuencia para acompañar los textos. Lo cierto, es que la vera del riachuelo era terreno anegadizo, y no parecía ser un lugar acorde para fundar nada, ya que las inundaciones constantes del Riachuelo habrían hecho imposible el establecimiento del fuerte por tanto tiempo. Hay muchas crónicas al respecto (Fernández de Oviedo, Ruy Díaz de Guzmán, Estopiñán Cabeza de Vaca, etc.) y en ella se basaron los exégetas de los palacios de Clío, pero nada es concluyente.

Muchas teorías han venido a amplificar la discusión, pero ninguna de ellas puede contar con elementos sólidos que avalen una u otra teoría. La versión más oficializada, que indica la fundación de Bs. As. en el actual Parque Lezama, no puede ser reforzada más que por el ímpetu de la historiografía oficial, ya que no se han registrado restos arqueológicos más allá que la descripción de esa primigenia Bs. As. nos la pinte como un grupo de casillas sencillas, entre las que se contaba los aposentos de Mendoza y la Iglesia, rodeada de un muro de adobe. Al respecto, nos allana el camino la investigación del Centro de Arqueología Urbana, que nos dice que:

La realidad es que de la documentación histórica no es posible extraer datos que puedan probar, sin lugar a dudas, dónde estaba ubicada la primera aldea, y el análisis no comprometido de todas las posiciones tomadas en esta cuestión deja la puerta abierta a tal cantidad de interpretaciones que sería necesario elegir al gusto de cada quien para decidir por una u otra (6).

En virtud de lo dicho, el gusto de quien les habla prefiere creerle al padre Furlong (7), y ahí vamos al título de este ensayo. El sacerdote, teniendo en cuenta que, de las lecturas de las diferentes crónicas, se podía concluir que el Real se asentaba unas 4 o 5 millas del Río de la Plata y a media milla del Riachuelo, y atendiendo a las características del terreno -bajo e inundable- el mismo se debería haber establecido en una zona más alta, coincidiendo según sus estimaciones en que sería “en algún punto cercano adonde en la actualidad se junta la avenida La Plata con la avenida Sáenz” (8).

Ya de por sí, esa esquina es mágica, ese vértice es el punto de lo imposible, el lugar en el que dos paralelas se juntan, pero más allá de esa conjunción que le aporta un toque mítico al asunto, la misma, según los límites marcados por la fundación del barrio, pertenecería al antiguo San Cristóbal. Es decir, siguiendo ese razonamiento, que la primera fundación de San Cristóbal fue algo mucho más grande aún, fue la fundación de la porteña Bs. As. ¿Si a Borges se le cantó fundar la ciudad en un inexplicable cuadrado mediterráneo de Palermo, por qué no podremos hacer nosotrxs, sancristobaleñxs de corazón, nuestra propia fundación mítica?

Entendiendo que es válida esa primera fundación del barrio, no como barrio, sino como fuerte, real o ciudad (escoja la versión que usted prefiera), vamos a ir a la segunda fundación, es decir, la oficial del barrio registrada por las páginas del Gobierno de la Ciudad, la fecha en que se festeja el cumpleaños del barrio y que, creo, obedece a dotar de prosapia longeva más que atenerse a los documentos duros. Es decir, que adolece de positivismo, pero lo acomoda a su modo, como suele hacerlo habitualmente tal corriente historiográfica: las interpretaciones documentales suelen estar colmadas de subjetividad.

Según los documentos, el barrio de San Cristóbal fue fundado el 28 de junio de 1869, durante la presidencia de Sarmiento y antes de que Bs. As. fuera la capital del país, obedeciendo a una nueva división política y administrativa de la ciudad aprobada en la legislatura (9), y no fue fundado como barrio, sino como una de las 13 parroquias, que en tales se dividía, que conformaban el territorio porteño. Dos parroquias se agregaron en esa fecha, la nuestra, de San Cristóbal, y la de Santa Lucía, en Barracas.

Esa fundación pasó sin pena ni gloria para los vecinxs que iban a rezar a una primitiva capilla en una casa del Coronel Garretón, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en San Juan 2416, donde luego estuvo la casa Barata, cuyo edificio aún perdura (no sabemos por cuanto tiempo). El barrio supo poco y nada de esta segunda fundación, primera oficial, de Bs. As., pero aquí es donde introducimos la tercera y, para nosotros, más festiva fundación del barrio, sin recelar ni renegar de la de 1869 cuando talla una disputa de límites o de antigüedad.

Cuando hablo de una segunda fundación, me refiero a un artilugio alojado en el mismo decreto de fundación de 1869. El artículo 4 del decreto, estipulaba que las parroquias mencionadas no serían consideradas erigidas hasta que no hubiesen construido sus iglesias (Larroca: 45-46), con lo cual, San Cristóbal, aunque ya citada con ese nombre de mucho tiempo antes, cuando aún era una capellanía, se terminó de fundar el 10 de febrero de 1884, el día que se inauguró la iglesia.

No cabe dudas que el barrio puede darse el gusto de tener más de un festejo, y si bien no me atrevo a sugerir tres cumpleaños, por qué no pensar en un festejo de invierno, para aquellxs que cantan loas al período glacial, y otro en verano, para aquellxs que adoramos el calor de estos Buenos Aires de alta humedad relativa ambiente. En aquellos días fundacionales se festejó más la fecha en que el Padre Arenas pudo ver cumplida su misión, el 10 de febrero de 1884 -festejos a los que acudieron el presidente Roca y Ana Urquiza de Victorica, madrina del barrio y esposa del ministro de guerra-, que la efeméride del 28 de junio, pero también un hecho luctuoso, trágico, empañó aquella jornada, aunque esa es otra historia.

Adrián Dubinsky.
7 de julio de 2021

1 Rosa, José María: Los protagonistas. Vol. 1. Editorial Proa. Bs. As. 1988. Pág. 10. 

2 El Ministerio de Cultura de la Nación señala como fecha fundacional el 2 de febrero de 1536. https://www.cultura.gob.ar/2-de-febrero-de-1536-primera-fundacion-de-buenos-aires-10067/

3 El lansquenete era un soldado mercenario del Sacro Imperio Románico Germánico que viajaba junto a los españoles debido a las transacciones comerciales de Carlos V con los financistas alemanes.

4 Schmidl, Ulrico: Viaje al Río de la Plata. Capítulo 11. El sitio de Buenos Aires. Pág. 69. https://biblioteca.org.ar/libros/10069.pdf

5 El Jaber, Loreley: Lectores, autores y editores en los siglos XVI y XVII El “fenómeno” Ulrico Schmidl. Dossier. Zama 5. 2013. Pág. 136. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/27029/CONICET_Digital_X.pdf?sequence=3&isAllowed=y

Centro de Arqueología urbana: Arqueología de la primera Buenos Aires (1536-1541): entre la historia y el mito. Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”. Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. UBA.   https://www.iaa.fadu.uba.ar/cau/?p=3174

6Centro de Arqueología urbana

7 El padre Guillermo Furlong (1889 – 1974) fue un sacerdote jesuita e historiador argentino, investigador de cuanto suceso se presentase a sus ojos y que publicó el texto “¿Dónde estuvo situada la Buenos Aires de Mendoza?”, publicado en la revista Estudios N° 569 de noviembre de 1965, entre las páginas 682 y 688.

8 Como no contamos con acceso directo a la revista, al citar al padre Furlong lo hacemos desde el texto fundacional de la historiografía sancristobaleña, nos referimos al libro de Jorge Larroca. Larroca, Jorge: San Cristóbal, el barrio olvidado. Freeland. Bs. As. 1968. Pág. 12.

9 No es intención de este cronista embarrar la cancha hablando de una cuarta fundación, pero el decreto es del 7 de octubre de 1868, y recién fue publicado en el registro oficial de junio de 1869 como parte de la ley del 28 de junio (Larroca: 45). Según Llanes, la creación del barrio obedeció a un pedido del Obispado y fue aprobado durante la presidencia de Mitre, en 1868, aunque luego se publicase en el boletín de 1869. Llanes, Ricardo M.: El barrio de San Cristóbal. Cuadernos de Bs. As. XXXIV. Bs. As. 1970. Pág. 9.