La percepción metropolitana de la pandemia

El Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA) realizó un relevamiento sobre las sensaciones de los vecinos de la Ciudad con respecto a al aislamiento. La mayoría aseguraron que están de acuerdo con las medidas del Gobierno y que tienen miedo de salir a la calle.

El informe realizado por los investigadores Juliana Marcús, Martín Boy, Joaquín Benítez, Martina Berardo, Agustina Márquez, María Agustina Peralta y Diego Vázquez reúne los primeros hallazgos de una investigación en curso sobre los cambios registrados en los usos, percepciones y valoraciones del espacio público y privado que realizan los residentes de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) -que comprende la Ciudad y 30 partidos circundantes-, durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) por la pandemia del nuevo coronavirus COVID-19. 

Los avances fueron obtenidos a través de encuestas online. Según sus resultados, la medida de la cuarentena fue valorada positivamente por el 97% de los encuestados. Además, el 88% de la población afirmó que salió de su vivienda para comprar alimentos y/o medicamentos al menos una vez desde el inicio del aislamiento. Se trata de la única actividad con mayoría de respuestas afirmativas, ya que gran parte de los encuestados declararon no haber salido para realizar otras actividades como cuidar a adultos mayores o personas con discapacidad, pasear mascotas, trabajar, reunirse con otras personas, realizar deportes fuera de la vivienda, pasear con niños y asistir a eventos sociales.

En cuanto a la valoración de la propia experiencia del ASPO, el 86% de las personas evaluó su experiencia positivamente, y reafirmaron que las prácticas que podrían incorporar a su vida cotidiana luego de la cuarentena son el frecuente lavado de manos (23%), estornudar o toser en el pliegue del codo (79%), evitar la asistencia a espacios con aglomeraciones (54%), y la incorporación del alcohol en gel en la vida cotidiana (53%).

Sin embargo, las prácticas culturales que no estarían dispuestos a abandonar son: saludar con beso o con la mano (72%), compartir el mate (70%) y mantener el distanciamiento social terminada la cuarentena (70%). A su vez, las personas encuestadas señalaron una baja predisposición a cambiar hábitos vinculados al uso de la ciudad luego del período de aislamiento obligatorio: el 91% refirió que no regularía su tiempo de permanencia en espacios públicos tales como la calle, las plazas y los parques; el 77% manifestó que no evitaría el uso de ciertos transportes públicos y el 82% valorizó la realización de actividades presenciales por sobre la modalidad virtual.

Cuando en la encuesta se indagó sobre cuáles eran los aspectos que más se extrañaban de la vida previa al aislamiento, el 88% se refirió al contacto con familiares, amigos y parejas. Este fue el motivo que más impulsó el quebrantamiento del aislamiento, aunque sólo en muy pocos casos. En cuanto a la incorporación de la tecnología para achicar distancias afectivas y/o laborales, el 91% de las personas encuestadas refirió realizar videollamadas como medio de comunicación.

Por otro lado, casi el 40% de los encuestados admitió sentirse inseguro en los supermercados y nervioso al caminar por las calles de su barrio. Incluso un 25% aseguró sentir miedo al salir de su vivienda durante el aislamiento y un 26% que evita charlar y/o saludar a los vecinos que se cruza en la calle. Pero además de sentimientos negativos, la cuarentena provocó que ciertos espacios que se encontraban dentro de la esfera privada se reconfiguraran. De este modo, los balcones, ventanas y terrazas se convierten en un medio de “contacto con el afuera”, un espacio de encuentro. 

En este sentido, entre quienes poseen algún tipo de espacio exterior en su vivienda, el 73% declaró haberlos usado para manifestarse en torno a cuestiones políticas o de actualidad. Dentro de dicho grupo, el 54% dijo haber participado de los aplausos al personal sanitario; el 45% del pañuelazo por el Día de la Memoria, Verdad y Justicia y el 34% del ruidazo contra la violencia de género.

A su vez, se relevaron los usos de los espacios exteriores relacionados con la sociabilidad, y los resultados mostraron que el 37% los utilizó para conversar con vecinos, el 18% para colgar dibujos o mensajes, y el 10% para realizar prácticas artísticas tales como cantar, tocar instrumentos o pasar música para los vecinos y transeúntes. De esta manera, los espacios exteriores de las viviendas comienzan a ser incorporados de una forma más asidua a nuestras vidas cotidianas.

El informe concluye: “Este estudio da cuenta de cómo la llegada de la pandemia del COVID-19 ha modificado la forma en la que nos relacionamos con la ciudad en la que vivimos, y ha transformado los usos del espacio público y privado. Esta política de corte sanitario que tiene como propósito resguardar la salud de la población, también ha tenido un impacto en la forma en la que utilizamos nuestras viviendas y cómo valoramos los espacios públicos, semipúblicos y privados”.