La odisea de llevar adelante un negocio en épocas de crisis

El bar-café “Cristobalino” abrió sus puertas en el barrio porteño de Balvanera hace ocho meses. Su dueño, Hernán, dialogó con Abran Paso acerca de las dificultades que enfrenta el comercio en el contexto actual.

Cristobalino está ubicado en la calle Hipólito Yrigoyen al 3100 (Comuna 3), frente al Teatro Luisa Vehil. Es un negocio familiar, manejado por Hernán junto con su madre, Esther. Alquilaron el local en febrero del año pasado; luego de hacerle reformas, inauguraron en julio de ese mismo año y desde entonces en el comercio tuvieron altibajos. De julio a diciembre les fue cada vez mejor y con las fiestas y el verano tuvieron una baja esperable porque en enero y febrero hay menos gente en Buenos Aires.

En la actualidad están a la espera de ver si pueden levantar las ventas. Sin embargo, la baja del consumo se hizo notar más los últimos meses. Hernán explicó que “se siente mucho la crisis” ya que la gente que antes compraba tres o cuatro veces por semana ahora compra solo una “porque el sueldo no le alcanza o porque perdió el trabajo, por el recorte presupuestario que tuvieron, tanto empresas privadas como públicas”.

Considera que esta muy complicado el tema de la seguridad en el barrio “Casi todos lo días en la calle se ven episodios de violencia, robos, gente dada vuelta o armada con palos y botellas y mucha droga también. Otra dificultad es que la calle H. Yrigoyen es muy oscura. La falta de iluminación genera intranquilidad y hace que la gente decida caminar por la avenida Rivadavia. “Tanto la inseguridad como la oscuridad perjudica porque por el lugar transita menos gente y repercute en las ventas”, sostuvo Hernán.

Cristobalino se encuentra rodeado de instituciones a los que concurren mucha gente: sanatorios, sindicatos y  colegios, la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y el Teatro Luisa Vehil, Como actividad comercial, funciona más el servicio que tienen de delivery que el del salón, en el que hizo una inversión muy grande. Según el propietario, el teatro ayudó mucho en las ventas, y es un público que se mantiene hasta hoy, pero los que asisten a la UBA, al estar rodeados de otros bares, no son concurrentes habituales.

Actualmente están abriendo el bar únicamente de tarde, porque tiene otro trabajo a la mañana y necesita poner ese sueldo para mantener el local, “porque no llegamos con todos los gastos que tiene el comercio”. Guarda alguna esperanza que la situación mejore, de eso depende las ventas, y de las ventas su estadía en el lugar. Si no mejora en unos meses tiene que cerrar.

Esta es la situación por la que está pasando un comerciante de Balvanera, y se asemeja a muchos otros del barrio, la ciudad y el país. Afectado por la baja de las ventas y la inseguridad, espera que pueda haber un cambio y se active la economía para poder mantenerse en la actividad. Es preciso que quienes gobiernan tengan en cuenta lo que esta pasando y hagan algo urgente al respecto.