Fomento, trabajo y vivienda

Los feriantes de La Rioja 70 reclaman apoyo por parte del Estado para incrementar sus ventas y mejorar las instalaciones del lugar donde trabajan.

“Si estuviera en la calle sacaría $1500 por día. Acá hay días que no saco nada”, cuenta Margarita mientras acomoda su puesto sobre uno de las pasillos que da a la calle La Rioja. Llegó a las 9 hs. de la mañana con sus hijos porque no tiene donde dejarlos. A las 15 hs. aún no había vendido nada. “¿Podés creerlo? todavía no abrí caja”, dice.

Según los delegados de la feria se podrían tomar medidas para generar un flujo de personas en el predio. En el primer piso sería bueno que funcione una oficina para que los vecinos puedan hacer el trámite del DNI. Otra medida es instalar un RapiPago o construir un patio de comidas que acompañe la recorrida por los puestos.

Los feriantes intentaron en reiteradas oportunidades hacer arreglos en los baños para poner espejos y mejor las puertas. También quisieron reparar las filtraciones que generan inundaciones cuando llueve, pero los funcionarios siempre les negaron la posibilidad de hacerlo.

“No se para qué nos llaman a reuniones, si a todo lo que proponemos nos responden un no”, alerta Margarita y agrega que todo empeoró cuando pasaron la operación del predio a Ferias y Mercados. Antes dependía del Gobierno central.

Muchos de los vendedores cuentan con los conocimientos para hacer las reparaciones, pero desde el Gobierno no los dejan intervenir. “Contratan empresas que tienen personal ineficiente y no resuelven nada”, relata la vendedora.

La ex mantera advierte que la feria está cada vez más vacía, pero sostiene que no abandonarán el lugar bajo ningún punto de vista. “Si no funciona para vender que nos construyan viviendas, que hagan un monoblock”, propone. Muchos de los vendedores tienen problemas habitacionales, algunos duermen en la calle o en un hospital. También aclara que no quieren regalos, “podemos pagar un monto acorde a nuestro bolsillo”.

El trabajo de la venta ambulante en ferias y en la calle se caracteriza, entre otras cosas, por no contar con una relación de dependencia, ni un convenio colectivo. Se trata de una actividad autónoma vinculada al cuentapropismo que emergió como salida para muchas personas que no logran insertarse en el mercado laboral.

Al no depender de una empresa, estos trabajadores exigen respuestas al Estado. En primer lugar, quieren que no los desalojen de los lugares que encuentran para trabajar. En la Ciudad, primero los corrieron de las calles del Once y luego les ofrecieron un predio como respuesta. Los resultados perecen estar lejos de brindar soluciones definitivas.

 

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