El calibre del cambio

Mauricio Macri fue elegido presidente luego de un ajustado triunfo sobre Daniel Scioli en el primer balotaje presidencial de la historia argentina.

 

Por Martín Bustamante

Primera parte

Pasaron las elecciones, los festejos y los llantos, las conferencias de prensa y las reuniones de transición, los editoriales prehistóricos y la dignidad de los periodistas, los anuncios y el nuevo gabinete, los futuros ministro y sus declaraciones. Cada día encerró su propia historia, todo avanzó con una velocidad que solo deja visualizar algunos pocos elementos de este cambio de ciclo político.

Por el tenor de su figura y por su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, solo se puede suscribir a todas las voces que manifestaron reiteradas advertencias ante la investidura simbólica y política del futuro presidente. Advertencias confirmadas a partir de la nómina elegida para integrar el nuevo Gabinete de Ministros.

De todas formas, el nuevo ciclo político comienza con un número significativo de complejidades. A diferencia del contexto económico internacional que marcó el inicio del ciclo anterior, ahora el precio de los comodities no significa ningún tipo de ventaja diferencial. Además la crisis internacional detuvo fase expansiva de las economías de China y Brasil, quienes se convirtieron en los principales compradores de materias primas y productos argentinos.

La alianza liderada por Mauricio Macri ganó las elecciones del domingo pasado con un margen estrecho. “Un empate técnico” dijo Aníbal Fernández. El presidente electo no tuvo inconveniente en hacer un guiño poco disimulado para que sea su vocero, Marcos Peña, el encargado de responder la incomoda pregunta que le hizo una periodista de la Agencia EFE sobre este asunto. “Nuestra agenda es similar a la Daniel Scioli y la de Sergio Massa”, fue la respuesta y una señal a los espacios políticos en los que buscará apoyarse para llevar adelante sus propuestas.

El resultado ajustado lo obligará a recurrir a diversas negociaciones para promover sus iniciativas. Sirve como ejemplo observar que en el único distrito donde gobierna el PRO, la Ciudad de Buenos Aires, siempre necesitó un importante apoyo por parte de la segunda minoría (el FPV) de la Legislatura para llevar adelante su agenda.

A la debilidad que otorga un triunfo ajustado la acompaña un frente heterogéneo, armado con el único fin de impedir un nuevo triunfo del Frente Para la Victoria, pero un acuerdo anti K no necesariamente se traducirá en una cohesión para llevar adelante acciones de gobierno.

El primer síntoma de la delgada unidad fue el declive de líder radical de Cambiemos, Ernesto Sanz. Un hecho nada menor si se tiene en cuenta que el PRO alcanza una cantidad menor de diputados, senadores y gobernadores que el radicalismo. En tal situación la fuerza política del presidente no sería segunda sino tercera en las cámaras legislativas. Aunque vale aclarar que, salvo los últimos años, el Decreto de Necesidad y Urgencia se configuró en un poder con más capacidades que el propio parlamento.

 

Segunda parte

El nuevo escenario parece haber despertado a la Corte Suprema y un Poder Judicial que se considera mas poder que nunca para acorralar al gobierno saliente y condicionar al entrante. El fallo que obliga a publicar las cláusulas secretas del acuerdo con Chevron afecta al kirchnerismo, pero también a quienes busquen atraer inversiones en el futuro. La decisión que obliga a la Nación a devolver los fondos coparticipables de las jubilaciones a las provincias, endeuda al próximo gobierno y muestra la injerencia que pueden tener los muchachos de Lorenzeti en la Caja de del próximo gobierno.

Diez de la noche, Daniel Scioli acaba de reconocer su derrota con una sonrisa dibujada en su rostro. Ganó Cambiemos. Mauricio Macri es el presidente electo. Sus fanáticos se reúnen en el clásico escenario de festejos de Buenos Aires, ese que fue colmado por peronistas y radicales cada vez que alcanzaron la presidencia. Pero lo amarillos no lograrán completar más que media Plaza de la República frente al obelisco. La imagen no parece mostrar la fiesta de una fuerza política que acaba de ganar una elección presidencial en un país de 41 millones de personas.

Lo cierto es que el PRO es una fuerza que nunca a logrado ingresar en ese escenario de disputa política tan trascendente en Argentina como la calle. Ese que ha dispuesto y repuesto presidentes, ese que ha logrado decisiones institucionales trascendentales en las esferas de poder. En 12 años de actividad política, la primera vez que Mauricio Macri habló en un acto masivo fue para el cierre de su campaña en el Orfeo de Córdoba. Es difícil pensar en un gobierno fuerte sin un apoyo importante que se manifieste también en las calles.

Sólo Hugo Moyano y unos cuantos dirigentes peronistas del movimiento obrero podrían garantizarle un apoyo de esas dimensiones, aunque habrá que investigar porque el apoyo del camionero, nunca pasó de compartir algunos actos pequeños o de algunas manifestaciones indirectas de apoyo.

El líder de la CGT nunca llegó a manifestar con todas la letras su apoyo explícito al candidato de Cambiemos. El primer interrogante es si en algún momento movilizará todas sus fuerzas para apoyar al Ingeniero, el segundo es si sus bases responderán a semejante objetivo. Resultará extraño observar a una Central sindical peronista apoyar a un Gobierno cuando el justicialismo está en la oposición.

El futuro presidente cuenta con la fortaleza de ser el líder del proyecto que logró desplazar al peronismo después de 12 años en el poder. Logró arrebatarle el distrito más grande y su bastión histórico, la Provincia de Buenos Aires.

En un país donde la transferencia de recursos de la Nación a las provincias (por vías legales o ilegales) funciona como acción clave para ganar adhesiones, el manejo de las cajas de la Provincia, de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación, es la gran oportunidad que tienen los de amarillo para transformar su debilidad naciente en una fortaleza. El manejo de recursos también podrá ayudar que logren una buena predisposición por parte de diputados, senadores y medios de comunicación.

El comienzo del nuevo ciclo se da en un escenario incierto, sin hegemonías claras y con una inflación creciente que ya motiva el reclamo de un bono de fin de año por parte de los gremios y adelanta unas paritarias docentes con mucha tensión.