EL ARGENTINAZO

Unas veces la realidad cambia tu vida y la de tantos otros. ¿Qué cambió en Argentina luego del 20 de diciembre de 2001? Acá van algunas pistas para comprender uno de los fenómenos más importantes de la historia contemporánea Argentina.

Se cumple un nuevo aniversario del Argentinazo, esa gigantesca pueblada que logró echar a un gobierno hambreador y entreguista como el de la Alianza y con la que el pueblo volvió a mostrar por ese camino una perspectiva en la lucha. Mucho se han esforzado las clases dominantes para borrar de la memoria popular las enseñanzas de esa gesta histórica popular.

El kirchnerismo –como grupo en ascenso dentro de las clases dominantes– es el que más se esforzó por interpretar lo que abrió ese gigantesco auge de masas y sus características para su lucha por la hegemonía. Junto con el auge de nuestro país también se desarrollaban puebladas en Ecuador y Venezuela, que culminaron en gobiernos neodesarrollistas con una impronta antiyanqui en Sudamérica. No nos olvidemos el acto de asunción de Néstor Kirchner rodeado de Fidel Castro, Chávez, Correa, etc.

Este nuevo escenario era la muestra de que no se podía salir de la crisis de la convertibilidad con las mismas recetas. Lo que se lograría insistiendo hubiera sido reavivar el fuego que se quería apagar. El auge había llegado tan lejos que era muy peligroso. El Argentinazo fue un proceso donde el pueblo protagonizó una lucha sin precedentes, pero no se pudo imponer. Aunque las clases dominantes tampoco podían avanzar sin conceder a muchos de los reclamos que se planteaban y sin cambiar cómo gobernaban.

Eduardo Duhalde –que sucedió a la Alianza tras cinco cambios de presidentes en una quincena– no cerró la crisis política. Aplicó una devaluación que hachó los salarios y benefició a los monopolios imperialistas y terratenientes exportadores, principalmente. La lucha popular rompió la tregua de las centrales obreras y agudizó las contradicciones por arriba. El asesinato de Kostequi y Santillán marcó el principio del fin del duhaldismo en el gobierno. La maldita policía de Fanchotti, como expresión del Estado, se impuso a sangre y fuego, mostrando los límites de las aspiraciones populares por el poder. Así se detonó el proceso político donde el kirchnerismo, muy débil, se alzaría con el triunfo mediante múltiples acuerdos.

Toda la primera etapa del kirchnerismo va a estar teñida de concesiones al pueblo, mientras desde el gobierno se trabajaba para reconstruir de crisis de representatividad de los de arriba y la imagen de las instituciones de este Estado oligárquico-imperialista, profundamente cuestionadas a partir del Argentinazo. El kirchnerismo se esforzó sobremanera para hacerlo; y en gran medida lo logró mediante esas concesiones, cooptaciones, y apelando al doble discurso y a la memoria del pasado reciente. En definitiva trata de mostrar que con las elecciones se puede conquistar una solución a las necesidades populares.

 

Conquistas vigentes

Las concesiones fueron reconocidas por el pueblo. Había corrido mucha sangre y se perdieron muchas vidas en una Argentina donde se morían cincuenta y dos chicos por día por la desnutrición y la pobreza. Muchas de las conquistas que se lograron en los años del auge del Argentinazo siguen hoy vigentes.

El avance en la reconstrucción del tejido de las instituciones no se traduce en el amor por ellas y es recurrente, cuando se agudizan las contradicciones, la condena a ellas. Las fábricas recuperadas como Renacer en Ushuaia, junto con otras, son ejemplo de la voluntad de la clase obrera de violar la propiedad privada y adueñarse de la fábrica, ponerla a producir luego de una quiebra o abandono por parte de la patronal. Algunas fueron cooptadas por el kirchnerismo, que se dio una política para ese objetivo. Pero las que se abrieron paso y persisten muestra que ese camino está vigente y servirá para otro momento de crisis.

Las corrientes opositoras y combativas en el movimiento obrero no nacieron con el ciclo kirchnerista en 2003. En cambio, este nuevo ciclo está marcado por la masividad de obreros jóvenes que se incorporaron a la producción, en su gran mayoría jóvenes, que fueron de una u otra manera protagonistas del Argentinazo. Esta nueva realidad encerró una contradicción: por un lado valorar y cuidar el trabajo, y por otro las enseñanzas de quienes habían protagonizado un periodo histórico de cuestionamiento al actual orden establecido, llevándose puesto a un gobierno. Así surgió una camada de jóvenes luchadores combativos y democráticos que en los años posteriores fue ganando solidez y fue pasando a integrar comisiones internas y delegados, que posteriormente iban a dar que hablar en la conquista de esos organismos de masas del movimiento obrero. Esto podemos ver hoy en numerosos procesos.

El kirchnerismo en todos estos años ha apelado a la memoria colectiva, acusando a sus adversarios de haber sido los responsables de una Argentina devastada como la del menemismo y la Alianza del 2001. Quizás esta sea una de las facetas más fuertes del gobierno. Pero esa memoria colectiva a la que recurre insistentemente el gobierno también atesora las enseñanzas de una Argentina insurrecta, donde el pueblo alzado marcó a fuego a los enemigos declarados.

Estas enseñanzas que están en la epidermis y estallan cuando menos se lo espera. Hablamos de las fábricas recuperadas, las corrientes combativas y democráticas en el movimiento obrero. Y podemos agregar los piquetes como forma de lucha de las organizaciones sociales y sectores de asalariados. Y las corrientes populares, de izquierda y antiimperialistas en el movimiento estudiantil universitario que se fortalecieron en ese período y se mantienen en la dirección de muchos centros de estudiantes. Son corrientes estudiantiles que barrieron a la Franja Morada de importantes centros hasta el día de hoy y que enfrentan el limitacionismo, la Ley de Educación Superior y la Coneau, luchan por presupuesto y exigen la democratización del cogobierno universitario, razones con las que le impidieron hacer pie al kirchnerismo en muchos de esos organismos de masas.