“Cromañón no se toca, la Memoria no se negocia”

El proyecto fue presentado en una conferencia de prensa realizada por el Movimiento Cromañón en marzo y busca declarar de “utilidad pública y sujeto de expropiación” el establecimiento ubicado en la calle Bartolomé Mitre 3060, del barrio porteño de Balvanera, complementario al “Santuario”.


Familiares de víctimas y sobrevivientes de la tragedia presentaron un proyecto en la Legislatura porteña para expropiar el inmueble de Once y convertirlo en un espacio de Memoria.

Los integrantes de la agrupación habían denunciado la restitución del predio a Ana Rothfeld, apoderada del empresario Rafael Levy, dueño del boliche y actualmente procesado por “Estrago doloso seguido de muerte y cohecho activo”.

También habían presentado una solicitud de informes y audiencia en el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 24 ya que observaron, por medio de material fílmico obtenido en las inspecciones en el inmueble y de diversos medios de comunicación, que adentro del lugar no quedaba ninguna de las pertenencias de los jóvenes que habían asistido, “ni las marcas de sus manos tratando de huir”.

“Nos parece que es algo muy grave, no solamente porque nos hieren, nos revictimizan, porque tenemos de nuevo sobrevivientes descompuestos, sino que es un problema serio para todo el pueblo argentino. Pasar por encima de la memoria… nosotros tenemos experiencia como pueblo de lo que significa”, le comentó a Abran Paso, Silvia Bignami, madre de Julián, una de las víctimas.

En el marco de la lucha por la Memoria, el 1° de marzo el movimiento presentó en la Legislatura de la Ciudad, de manera independiente, el proyecto de expropiación República de Cromañón y preservación del santuario, para que sean protegidos y se resguarden los elementos testimoniales que hacen a su valor histórico-cultural y configuran la memoria histórica colectiva de la Ciudad. La administración del lugar estaría a cargo de familiares y sobrevivientes, con autonomía del Estado.

Silvia explicó que no tienen definido si conformarán el espacio como un centro cultural o un museo ya que necesitan saber si hay voluntad política de sacar adelante el proyecto y declararlo patrimonio cultural. “Lo que sí sabemos es que tiene que ser un lugar de luz, porque los chicos eran eso para nosotros, y también sabemos que lograr que salga el proyecto es una decisión política”, manifestó la madre.

Claudio Romero, legislador de Vamos Juntos, les dijo a familiares y víctimas que era un tema presupuestario. “Una Ciudad que se gasta no sé cuánto en macetas… es ofensivo que digan que es una cuestión de plata cuando es una cuestión de decisión por la Memoria”, agregó Silvia.

Sin embargo, el predio República de Cromañón hoy pertenece a la empresa Nueva Zarelux S.A. propiedad del empresario Rafael Levy, luego de que el 30 de diciembre de 2018 -cuando se cumplían 14 años de la masacre-, el TOC N° 24 le restituyera el inmueble y resolviera el cese sobre todas las medidas de restricción sobre el mismo.

“Nosotros no sabíamos que el Tribunal (el mismo que había condenado a Levy, como uno de los responsables de la masacre, por acción o por omisión) le había entregado la llave al apoderado de Nueva Zarelux; y cuando se querella, el Dr. José Iglesias presentó un escrito en el que dice que eso es nulo porque nunca le notificaron, le dicen que se lo mandaron a otra dirección a nombre de otra persona”, expresó Bignami.

Luego de los hechos, la agrupación comenzó a repartir folletos que rezaban “Vecinos y vecinas de Once, los jóvenes están en peligro”, en referencia al poderío del empresario, dado por la cantidad de negocios que llegó a montar: desde la cadena de ropa femenina

Etam hasta las cuatro paredes de El Reventón, la bailanta tropical que luego se convertiría en Cromañón.

“Para el barrio de Once es un desastre que vuelva Levy, porque Levy no es solamente el boliche Cromañón, es también la no atención a los vecinos, es el barcito del otro lado donde prostituía chicas -por el que fue denunciado por presunta trata de blancas- , es La Saladita, es un empresario detrás de empresas offshore que no tiene ningún problema de poner otro boliche y repetir la historia, y por eso, les decimos que sus hijos corren peligro”, advirtió la madre de Julián.

Según explicó, el movimiento busca interpelar a los residentes del barrio para que se unan a la lucha para lograr que el establecimiento sea un espacio de Memoria, para que lo puedan disfrutar entre todos como un espacio de paz, pero con la presencia de las víctimas.

“A veces me dicen ‘comprendo tu dolor’ y yo me canso de que comprendan mi dolor. Me gustaría que comprendan que es un dolor para el pueblo argentino, que se perdió media generación de jóvenes y que hay un montón de sobrevivientes que han quedado afectados. Pero no lo digo para dar lástima, lo digo para que la gente lo sepa y así le reclame a sus gobernantes, porque no se trata de mi vida, yo lo recuerdo igual a mi hijo, sino que perder la memoria es facilitar las condiciones para que las cosas se repitan”, concluyó Silvia Bignami.

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