Convivencia cultural / Los espacios artísticos del barrio buscan impulsar diversas iniciativas para lograr la adhesión de los vecinos e intentan que no se perturbe la tranquilidad de la zona

Foto CECAM

“Desde un comienzo nos hicimos conocidos por los vecinos. Contábamos nuestro proyecto y hacia donde apuntábamos. Siempre los invitamos a participar y tuvimos en cuenta las necesidades de la cuadra y del barrio”, relata Jeanette en relación a su experiencia con el Centro Cultural de las Artes del Movimiento (CECAM).

 

“A veces cuesta. Hay que tener muy en cuenta al vecino, pero por suerte no tuvimos mayores problemas”, agrega Brian, otro de los socios de que conduce el Centro Cultural.

Un grupo de cinco amigos comenzó a dictar clases y se entusiasmaron con la posibilidad de transmitir su visión a partir de los frutos en lo físico, mental y personal que les había dado el parkour. Notaron que crecían hacia otras artes del movimiento y eso los motivó a crear un espacio que no encontraban en la Ciudad. “Son pocos los lugares donde hay algo más que ir a tomar una clase. Queremos impulsar un sentido de pertenencia y ganas de crear. Queremos que la gente venga y ponga lo suyo, es una construcción colectiva”, destaca Joaquin, otra de los impulsores del CECAM.

A partir de su experiencia como docentes, observaron que se podían dedicar a eso y decidieron abrirse a otras artes para nutrir la propuesta.

Impulsar un Centro Cultural en Buenos Aires no es una tarea sencilla si se toma en cuenta un contexto de clausuras crecientes en casi todas las zonas de la Ciudad. Por eso supone un desafío especial para sus impulsores, ya que, además de gestionar y hacer actividades artísticas, deben administrar cuestiones legales que implican mucho esfuerzo. “Es innegable que siempre hubo persecución de parte del Gobierno, pero la nueva Ley es muy positiva y por eso pudieron surgir espacios como este. Nos parece importante que haya un cambio de visión de parte de las autoridades para avanzar a una creación más autogestiva de la cultura, donde los protagonistas sean los actores del arte y no los empresarios”, destaca Joaquín.

Entender a la cultura y a la comunicación como bienes de la humanidad que no pueden estar sometidos al libre juego de la oferta y la demanda ni de las lógicas del mercado, implica su protección y fomento para lograr un desarrollo intelectual de los ciudadanos.

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