Continúa el reclamo contra el cierre de grados en la Ciudad

26-07-12

A cuatro meses de uno de los anuncios más polémicos del ministro de Educación Esteban Bullrich, repasamos junto a distintos docentes la lucha desatada por mantener abiertos los cursos en las escuelas porteñas.

Desde el segundo día de clases, 29 de febrero, llega a las escuelas primarias y medias de la Ciudad una disposición que indica cerrar 221 grados y cursos. Los grados que logren cerrar, nunca más volverán a abrirse.

Desde ese momento a la fecha, no ha habido escuela que no ha hecho abrazos, cortes de calle, clases públicas, volanteadas, bocinazos, festivales, seis movilizaciones y una toma del Ministerio de Educación porteño. Se ha logrado visibilizar que el problema no es solo el cierre de grados y cursos, sino, también la superpoblación en las aulas y la falta de vacantes que existe en los distritos del sur, donde la población se multiplicó y las escuelas de esa zona ya no alcanzan. Se ha instalado el tema en los medios y en la opinión pública. Se ha comenzado a debatir el cese de los subsidios a la educación privada. Se han sumado al reclamo familias y estudiantes. Se han movilizado a las sedes distritales para conversar, increpar o escarchar, según la postura que hubiera tomado, a los supervisores. Los supervisores fueron haciendo un proceso, y pasaron de la postura de “obediencia debida” para cerrar los grados, a la “desobediencia debida”, demostrando no ser polea de transmisión automática de estas políticas. En un principio, el macrismo se proponía cerrar 221 grados y cursos, y luego de un mes de lucha, bajó a 96. Estas son las primeras líneas de un balance que están haciendo actualmente los docentes.

Florencia, docente y delegada de su escuela comenta a Abran Paso “El día anterior al que primeramente habían impuesto para cerrar los grados, desde Lucero impulsamos formar una delegación de maestros afectados por cada distrito, y entrar al Ministerio. Entregamos 10.300 firmas que juntamos junto a los padres y pedimos que nos reciban. Como no lo hicieron, la espera se transformó en una toma durante 7 horas, a la que se fueron sumando cientos de personas. Logramos que nos atienda el asesor de Bullrich. Al día siguiente, en asamblea aprobamos realizar un paro con movilización amparados por Ademys. Ese mismo día, más de treinta supervisores de primaria se pronunciaron en una conferencia de prensa hecha en la sede de ATE (¿por qué no habrá sido en UTE?), presentando un documento que proponían la suspensión de la medida y la conformación de una comisión integrada por representantes de la docencia en sus diferentes estamentos, a fin de realizar un estudio diagnóstico de la situación de la matrícula de la Ciudad, indagar las causales de los desfasajes entre las zonas y elaborar propuestas a fin recuperar la matrícula de las escuelas donde la misma se hubiere reducido y satisfacer la demanda de los distritos del sur”.

Días después, los estudiantes secundarios se movilizaban contra el cierre de cursos, realizan cortes, marchas y toman escuelas. Hubo también una audiencia judicial, ya que la UTE lleva el conflicto a ese plano. La justicia avala legalmente el cierre de grados, pero toma en consideración una serie de argumentos pedagógicos que traban el cierre en casos particulares. La lucha queda librada a la defensa de cada grado en forma segmentada. En las escuelas afectadas se discute qué actitud tomar al momento de enfrentar los cierres: no firmar el cese de renuncia (el docente de menor puntaje se quedará sin trabajo si es interino o suplente), convocar a la comunidad, cadenas telefónicas con los docentes de la zona, elevar actas denunciando la situación y recurso de amparo judicial. Así es como hasta ahora, los funcionarios no se han animado a aparecer…

Mientras tanto, la UTE no convocó un solo plenario. Sus dirigentes tuvieron miedo de escuchar y discutir.

El rol de los padres

Los padres fueron una de las claves de este conflicto. Ayudaron a contrarrestar un discurso degradante sobre la escuela pública del cual se hacen eco funcionarios y medios de comunicación, que plantea que a la escuela pública está en decadencia y la vaciamos los maestros con los paros. Ellos defienden las escuelas y no conciben que a sus hijos se les proponga hacinamiento, dicen: mis hijos no son sardinas, no son simples números. “Creí que la privada era mejor, pero comparé y me di cuenta que se trabaja igual, los maestros son los mismos”. “Cuando tuve problemas económicos me pegaron una patada de la privada, y acá me hicieron un lugar, soy uno más, me escuchan”. “En la privada tienen grados de más de 30 chicos para cobrar más, en cambio en la pública pelean para no hacinarlos, no hay intereses de por medio”.

En definitiva entienden que se trata de un ajuste feroz con costos altísimos para los niños más pobres de la ciudad, a los cuales intentaron acomodarlos como objetos para que los números cierren, favoreciendo la fragmentación educativa entre escuelas para pobres y ricos.