AIRES DE LA CIUDAD

Se retoma el debate sobre el tratamiento de los residuos en la Ciudad de Buenos Aires. Integrantes del Poder Ejecutivos junto a algunos legisladores de distintos bloque viajan a varias ciudades Europeas para conocer una metodología polémica.

 

Esta semana un contingente conformado por el Ministro de Ambiente y Espacio Público porteño y su equipo, el presidente de la Agencia de Protección Ambiental (APrA) y varios legisladores de la Ciudad del PRO, UNEN y FPV, visitarán una serie de instalaciones asociadas a la gestión de residuos sólidos urbanos, entre otras, la moderna planta de incineración de residuos Isseane, ubicada en París.

Resulta extraña que esta visita se realice (y a expensas del erario público) porque la incineración, en todas sus formas y variantes, está prohibida en la Ciudad de Buenos Aires, ya sea en su propio territorio o en otro, por el artículo 7 de la ley Nº 1.854, conocida como “Ley de Basura Cero”.

El Observatorio del Derecho a la Ciudad denuncia que la incineración de residuos no es una fuente de energía renovable, no es propensa a mitigar los efectos del cambio climático y son un peligro para la salud de la comunidad y el ambiente.

A pesar que el GCBA argumenta su compromiso por cumplir la “Ley de Basura Cero”, la licitación pública y los nuevos contratos de recolección de residuos sólidos urbanos-fracción húmeda por 10 años firmados con las empresas adjudicatarias, y la futura construcción de las dos plantas de Tratamiento Mecánico y Biológico (MBT) van en contrario a esta meta. El nuevo y costoso contrato no contempla que la Ciudad implemente un servicio especial de recolección diferenciada de los residuos orgánicos de los húmedos.

En este contexto entran las plantas MBT, que son las únicas instalaciones que pueden “recuperar” los residuos una vez mezclados (orgánicos y húmedos). Su índice de recuperación es muy bajo, su rechazo muy alto, y es cuestionable el tratamiento de la fracción orgánica por este método.

Inexorablemente la Ciudad de Buenos Aires va camino a liquidar la Ley de Basura Cero apostando a “soluciones mágicas” que eliminan los residuos con altos costos y prácticas que distan mucho de ser eficientes y sustentables.

La tecnología de la incineración

La incineración es el tratamiento térmico de los residuos mediante la utilización de altas temperaturas por oxidación que produce una reducción del volumen. Los pasivos ambientales de este tipo de tratamiento son gases de combustión, efluentes líquidos y cenizas.

En Europa, estas plantas, conocidas como “waste to energy”, recuperan energía de los residuos utilizando el calor producido en las calderas para generar vapor y así mover una turbina generadora.

Este último tiempo en América Latina se está gestando un lobby para impulsar la quema de residuos sólidos urbanos en hornos de incineración. Cada vez más empresas, en su mayoría de capitales europeos y estadounidenses, están promocionando sus tecnologías como métodos de “valorización energética” de los residuos. Con publicidad engañosa afirman que estas tecnologías “combaten el cambio climático” y son una “fuente de energía renovable”.

La incineración de residuos no es una fuente de energía renovable dado que los residuos sólidos urbanos, a partir de donde se obtiene la energía, no son renovables. Los residuos están compuestos por materiales que derivan del petróleo (plástico) y de otros recursos como minerales y celulósicos, que son finitos. La incineración convencional supone un derroche de energía y de recursos frente a prácticas probadas de recuperación de materiales y de reciclado.

Tampoco estas tecnologías son propensas a mitigar los efectos del cambio climático dado que una usina de incineración emite más dióxido de carbono por unidad de electricidad que una de carbón.

En otro orden, también estas plantas son un peligro para la salud de la comunidad y el ambiente. Todos los incineradores suponen un riesgo dado que estas tecnologías emiten miles de sustancias tóxicas que contaminan aire, suelo y agua, entre ellas compuestos probadamente cancerígenos como las dioxinas y furanos. A pesar de que los incineradores modernos tienen filtros y dispositivos de lavado de gases que eliminan la contaminación, estos no logran eliminarla completamente. Numerosas publicaciones científicas ratifican que las sustancias ultra finas de estas emanaciones no pueden eliminarse.