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Despiden 11 trabajadoras de la milonga Club Grisel

El dueño de la tradicional milonga del barrio de San Cristóbal vendió la firma y dejó a sus empleadas sin su fuente de ingreso. Se multiplican las protestas en la puerta del local en la calle La Rioja 1180.

El Club Grisel es un clásico lugar de tango donde se organizaban diferentes milongas cada día. Las trabajadoras despedidas reclaman que el dueño les pague el monto que les adeuda. “Nos dejó sin trabajo a principio de año. El 17 de enero clausuraron el local y hace dos meses el dueño nos dijo que lo había vendido”, contó Raquel, una de sus trabajadoras, en diálogo con Abran Paso.

Y agregó que “el lugar funcionaba bien, pero tenía problemas económicos porque la familia se manejaba muy mal con la plata. Entraba mucha plata pero todos sacaban y había cosas que no pagaban. No lo mantenían y todo fue decayendo. Los dueños no estaban casi nunca. Faltaba un plano y cuando vinieron los de la ´Municipalidad´ los clausuraron.

Raquel trabajó en el Club durante 12 años, entró lavando platos, después fue moza y luego encargada. Hacia de todo, tenia las llaves del local, abría, cerraba. Tiene dos hijas, la bebe recién nacida y una nena de tres años que este año empezó el colegio, “con todo lo que implica”.

Un despido en primera persona y una espera no tan dulce

En el momento que cerró el Club Grisel, Raquel estaba con licencia por maternidad. Tenía un embarazo de nueve meses.

Con el dueño, ella y sus compañeras, tuvieron tres reuniones: En la primera, estaba embarazada y el propietario les dijo que por la clausura tenia que volver habilitar el local, no contaba con dinero y vendería su auto para que pagar la habilitación, que esperaran. En la segunda reunión, estaba internada porque nació su hija, fueron sus compañeras y el dueño les comunicó que vendió el lugar y que el actual dueño les iba a dar trabajo. A la tercera reunión, Raquel concurrió con su beba de tres semanas, y el dueño fue con su abogado; les dijo que les pagaría solo el mes de enero, que era el último mes que habían trabajado, y que renunciaran.

Daba por hecho que renunciarían. Les dijo que mandaran el telegrama de renuncia y con la oblea fueran al estudio del abogado y que les pagaría a cada una el mes de enero. Pero las trabajadoras no renunciaron y pusieron un abogado para que las defendieran.

¿La solidaridad de los vecinos?

Raquel empezó a subir lo que les sucedía en las redes sociales, luego decidieron ir a la puerta del Club. “La gente se solidarizo mucho, me ayudaron un montón cuando estaba sin trabajo y con la bebé chiquita; hicieron colectas, compraron pañales, me acercaron donaciones” comenta conmovida.

En este momento, por contacto y porque el de las milongas es un ambiente muy chico y la conoce mucha gente, está trabajando en otra milonga cercana Grisel, los miércoles y los domingos.

¿Cómo piensan seguir?

Las empleadas quieren que les paguen lo que corresponde. Raquel quiere una compensación por haberla despedido embarazada, su beba nació por cesárea y no tenia cobertura médica, ni recibo de sueldo y la pasó muy mal.

Otras compañeras tienen más de 50 años, llevaban 20 y 25 años trabajando como mozas y pensaban jubilarse en ese lugar y ahora es muy difícil para ella. Otras trabajadoras son madres solteras con hijos, y todas necesitan trabajar.

Quieren presionar para que les paguen “aunque sea por vergüenza, porque no se puede jugar con el trabajo de la gente”. EL dueño sigue como si no hubiera pasado nada. “Lo vimos en un video presentándose en otra milonga, haciendo una exhibición y la gente lo aplaudía y nos dio mucha indignación”, exclama.

Quieren convocar a la gente para que las apoyen en sus reclamos. Mañana, jueves 23 de mayo a las 20 hs van a estar manifestándose en la puerta del local, Rioja 1180. Están yendo los días que hay baile. Piden justicia y quieren cobrar lo que les deben.

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